Cómo tratar con estudiantes que no están interesados en aprender

© Somenath Mukhopadhyay

A menudo encontramos en las aulas a alumnos con falta de motivación y estudiantes que no están interesados en aprender. Lo mejor que se puede hacer por ellos es seguir creyendo en sus cualidades pese a su falta de interés. Además de esa confianza, compartimos tres pasos que recomienda el profesor Michael Linsin en su blog Smart Classroom Management para lograr que los estudiantes poco interesados en aprender y trabajar puedan mejorar su interés en los estudios y en tu asignatura en particular.

Prepara la mejor clase posible cada día

Es el trabajo más importante de cualquier educador y la esencia misma de ser docente. Preparar la mejor clase posible es un objetivo que a veces se pierde en un mar de responsabilidades mucho menos importantes e incluso sin ninguna importancia completamente.

El primer deber de cualquier maestro debe ser producir lecciones claras y convincentes que capten la atención e interés de los estudiantes. Ello puede conseguirse a través de la habilidad de gestionar el aula, pero fundamentalmente por medio de la pasión, el humor, la creatividad y su conocimiento del contenido.

Atraer a los alumnos hacia un estado donde el tiempo se ralentiza, la concentración aumenta y las preocupaciones del pasado y el futuro que cada uno tenga se desvanecen. Además de prepararlos comprobando minuciosamente que han comprendido el contenido.

A los estudiantes se les debe permitir fallar

Déjalos ser.

Una vez que se ha enseñado a los estudiantes todo lo que necesitan saber para tener éxito, llega el momento de traspasarles la responsabilidad de hacer el trabajo. Necesitan saber, y recordar cada día que todo depende de ellos, hasta el último detalle. El mensaje de que se tiene confianza en ellos es más poderoso que cualquier otro mensaje. De modo que si después de darles la libertad y la responsabilidad de dejarlos ser ellos mismos, fallan, hay que dejarlos fallar sin ayudarlos, ni disculparlos. Porque si no se les deja fallar se retrasará ese momento de independencia y se conseguirá que no crean en sí mismos ni en sus habilidades. La responsabilidad les llegará de forma directa y diaria, y la presión para hacer lo correcto se hará más fuerte y difícil de evitar.

Elogie al trabajo, no al estudiante.

En lugar de decir al estudiante lo maravilloso que es con una gran sonrisa porque haya completado su trabajo, lo cual reducirá su nivel de exigencia y expectativas, elogia simplemente su buen trabajo. Concéntrate en el contenido de su trabajo y si no es bueno, evita hacer un drama de ello. Puede resultar vergonzoso para el estudiante y le puede hacer entender que es menos capaz que sus compañeros de clase, por lo que únicamente enfócate en una parte del trabajo y di la verdad (ejs. “Esa es una buena frase”; “Elección inteligente de palabras”; “Me gusta la dirección en la que vas”). Dilo y no esperes a que respondan. No te quedes allí ni los hagas sentir obligados a mostrar su agradecimiento. Permíteles disfrutar de la sensación de recibir un reconocimiento puro de su trabajo independientemente de quienes son, lo que han hecho en el pasado, o cuánta o poca confianza pueden tener o no. Al reconocer su buen trabajo les permitirás disfrutar del orgullo de protagonizar un trabajo bien hecho y ello les impulsará hacia mayores logros.

Seguir trabajando, seguir confiando

Pero, ¿qué pasa si uno o más continúan sentados y no hacen nada? Entonces sigue trabajando de la mejor manera posible y estos alumnos sin motivación nos servirán como recordatorio de que nunca dejemos de mejorar como docentes y sigamos desafiando a esos estudiantes a intentarlo creyendo en ellos.

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