La música: asignatura pendiente

Por Javier Atance Ibar

La educación en España está en estos momentos, como ha estado en las últimas décadas, de transformación y renovación pedagógica ya que nos pasamos la vida reformulando las leyes existentes y corrigiendo las anteriores.

La formación musical siempre ha sido en España una asignatura pendiente y seguimos aplazando todavía su recuperación. La música no está ni se la espera (aunque debería), con suficiencia horaria en las aulas españolas. Al no ser la música una asignatura troncal, han dejado relegada al área de Educación Artística, (que incluye Plástica y Música), en el grupo de asignaturas específicas en el que al menos hay que cursar una de entre Educación Artística, Segunda Lengua Extranjera, Religión o Valores Sociales y Cívicos, por lo cual se deja así abierta la posibilidad de que la Educación Artística no se llegue a trabajar en algunos centros. De momento y aunque la normativa contempla esta posibilidad de desaparición, la realidad es que todas las Comunidades la ofertan como obligatoria, salvo Madrid que indica que podría llegar a ser sustituida por Segunda Lengua Extranjera si así lo solicitara el Centro y lo aprobara la Inspección  educativa.

Esto supone en la realidad que cada territorio tiene una visión diferente de la enseñanza de la música que marca el estilo de su aprendizaje, si se imparte o no, el número de horas concreto dentro del Área Artística, criterios de evaluación y estándares de aprendizaje que la normativa delimita. Nos duele cada vez más el trato que ha recibido la educación musical en la LOMCE ya que la convierte en una optativa a lo largo de toda la enseñanza obligatoria y post-obligatoria, antes, por lo menos era una “María”, pero obligatoria. El Ministerio de Educación sigue desafinando en todo lo que respecta a la educación musical y la está reduciendo a su mínima expresión.

La educación musical debería valorarse más porque se considera que desde infantil hay que educar el oído porque nos va a ayudar a conseguir seguridad emocional, nos va a servir de acicate hacia la felicidad, nos va a estimular, ayudará a que nos concentremos mejor y potenciará nuestra memoria. Enseñemos desde niños a apreciar la música y si es posible, tocar un instrumento. Recordemos que la música es un idioma y un modo de expresión emocional y que las personas que dominan un instrumento tienen unas vías de expresión emocional que los demás carecen. Además, este aprendizaje musical está demostrado que es muy bueno para el desarrollo cerebral.

Nuestra realidad escolar nos demuestra que la música atrae mucho a la juventud y por eso, entre las actividades extraescolares más clásicas, destaca la música como una actividad que compagina una parte más lúdica con unos estudios más serios paralelos a la tarea escolar, por lo que requiere de grandes dosis de motivación y un sacrificio porque es exigente si se toma en serio, especialmente si se trata de aprender música desde los conservatorios.

Pero debemos recordar que no hace falta asistir a un conservatorio para tener cultura musical; cultura que debería darse con más carga lectiva en todos los niveles de la enseñanza obligatoria algo que ahora no se cumple y que obliga a los que tienen gran interés en la música a documentarse en plan autodidacta en clases particulares en academias especializadas, o en libros y páginas web que no siempre nos ofrecen una formación garantizada y amena, pero que con el tiempo y muchas horas de audiciones y practicas instrumentales, llegan algunos a convertirse en expertos y satisfacer así sus inquietudes musicales, incluso aprenden a juntar y “domesticar” sonidos y crear sus propias canciones aunque no sepan el solfeo reglado de los conservatorios.

Estos parches individuales, son un argumento más a favor de que debemos enseñar música en las aulas porque las cosas que se estudian, se practican y se comprenden se valoran más. Cuando asistimos por primera vez a un buen concierto de música clásica, aunque no entendamos de lenguaje músical a fondo, puede llegar a gustarnos e incluso despertar nuestro interés y ser, con el tiempo, buenos aficionados a la música de calidad. Cuando aprendes nociones musicales conoces la estructura musical, las piezas en profundidad, la dureza de su interpretación y los detalles a fondo…, es natural que valoremos mucho más la música y con conocimiento de causa.

Quitar horario a la música en la escuela es torpedear y hacer desaparecer esa cantera de futuros músicos, compositores, productores y arreglistas, pero sobre todo y mayoritariamente de buenos aficionados a la música como público crítico de conciertos y espectáculos musicales de todo tipo.

Observando la vida misma comprobamos que a la juventud le encanta la música escuchada desde su propio móvil  y que curiosamente odian las clases de música. Da que pensar. Algo no marcha bien. Hay que impartir las clases de música de otra manera, para hacer posible que conecten con ella, los alumnos a los que sí les gusta la música, pero no la manera como se la estamos enseñando.

Eso supone cambiar las metodologías tradicionales por otras más adecuadas en las clases de educación musical que siempre deben ser de carácter lúdico, divertido y positivo; siempre será activa, participativa, y en la que el alumnado será el protagonista de su propio aprendizaje, utilizando como técnica, el aprendizaje por descubrimiento.

Y animar al profesorado de educación musical a que siga luchando para que la legislación nos permita aprobar esta asignatura pendiente corrigiendo lo que hasta ahora fallaba y dotando a esta materia de un horario que permita impartirla con garantías. El recuerdo de cuando fuimos alumnos de música, debe estar presente en nuestra tarea pedagógica cuando enseñamos música. No repetir los errores que cometieron con nosotros nos proporcionará una manera de enseñar basada en los aciertos no en los errores. No se puede seguir formando hoy con prácticas de ayer a los alumnos que viven ya el mañana.

Javier Atance Ibar