Rapsodias: el folclore convertido en música clásica

rapsodiaLa rapsodia toma su nombre de los rapshodes, cantantes de la antigua Grecia que iban de un lado para otro recitando poemas épicos. Son composiciones instrumentales o sinfónicas, de esencia romántica, estilo y formas libres, muy similares a las fantasías, pero que se apoyan en temas propios de un país o una determinada región.

Su origen se remonta a los primeros años del siglo XIX, al abrigo de los movimientos nacionalistas que se desataron en Europa. Una de sus principales repercusiones fue la ampliación del lenguaje musical, al incluir un elevado número de elementos folclóricos. Al parecer, la primera canción de este género fue obra del checo VenceslasTomasek.

Desde su nacimiento, esta forma musical ha sido integrada en un sinfín de obras, incluidas las Rapsodias eslavas de Dvorak, la Rapsodia noruega de Lalo, la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov, las Rapsodias para violín de BelaBartok o la Rapsodia española de Ravel. La lista, en cualquier caso, es prácticamente interminable.

Para profundizar en la rapsodia con los alumnos en clase, conviene tomar como referencia las famosas Rapsodias húngaras para piano de Franz Liszt, compuestas en 1840 y 1885 (en total, son cerca de 20 obras). Estas composiciones están basadas en el estilo cíngaro, del que toman sus ritmos y su gusto por la ornamentación.

Más reciente es la Rhapsody in Blue para piano y orquesta de George Gershwin, compuesta en 1924 y formada por cuatro temas principales. En este caso, la combinación de una parte de piano con otras de carácter sinfónico da como resultado una increíble sucesión de instrumentos, encabezada por el clarinete y continuada trompeta, el piano y los violines. Y todo ello, con numerosas referencias al jazz y el blues.

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Un pensamiento en “Rapsodias: el folclore convertido en música clásica

  1. yo creo que la musica en la escuela, entre otras cosas,brinda la oportunidad a los niños de introducirse en ser capaz de leer una partitura sencilla y de interpretarla. Esto puede parecer una tontería pero el niño que disfruta con la música acaba intentando cantar o acompañarse de un instrumento. Es una pequeña semilla, pero es una gozada cuando los ves en el patio cuando algunos sacan la flauta sin que haya examen con la única intención de sentirse músico, de jugar a encontrar melodías. Ya sé que la educación musical es algo más que lenguaje musical pero a mi me gusta mucho verles cuando no solo escuchan música sino que intentan vivirla experimentando, improvisando, jugando

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