Formas de acercarse a la música clásica: oír, ver y bailar

En semanas anteriores os hemos hablado de algunas de las muchas fórmulas educativas que tienen como objetivo despertar el amor de los alumnos por la música clásica. Hoy os proponemos nuevos métodos que apuntan en la misma dirección: desde ver y escuchar composiciones musicales destinadas al público infantil y juvenil, hasta bailarlas.

Conviene recordar que algunos de los más grandes músicos de la historia crearon temas dirigidos exclusivamente a los más pequeños, como Sergéi Prokófiev y su célebre sinfonía Pedro y el Lobo. En YouTube encontrarás un buen número de versiones de esta canción, incluidas las que vienen acompañadas de dibujos animados que recrean la divertida historia ideada por el genial compositor ruso.

Otro buen ejemplo es Bastián y Bastiana, una ópera que Wolfgang Amadeus Mozart compuso cuando apenas tenía 12 años y que rezuma calidad melódica, frescura y humor a partes iguales. En este caso también puedes acudir a YouTube para encontrar diferentes representaciones de la obra, siendo las más idóneas para despertar el interés de tus alumnos las protagonizadas por adolescentes, como esta adaptación en valenciano de Vicent Vila.

Al margen de las obras de los grandes compositores, siempre queda la alternativa de recurrir a las composiciones musicales de corte didáctico cuyo éxito haya sido capaz de superar el paso de las décadas. Tal vez el mejor ejemplo de ello sea la serie Piccolo, Saxo y compañía, que repasa la formación de una orquesta con las diferentes familias de instrumentos como principales protagonistas.

Si la vista y el oído son esenciales para que los chavales descubran a los grandes clásicos, igual de importante es el baile, tal vez la mejor forma de familiarizarse con la música. Conviene aprovechar la pasión de los más pequeños por danzar para animarles a moverlas caderas al ritmo de sonidos que vayan más allá del tecno, el pop o el rap.

Existen muchas composiciones de música clásica ideales para el baile. Un claro ejemplo lo encontramos en la ópera Carmen de Georges Bizet, concretamente en la pieza El amor es un pájaro rebelde,  también conocida como La habanera. Aunque para quemar energía, nada mejor que la parte final de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Antonín Dvořák. Si alguno de tus alumnos se resiste a bailar con esta melodía, será difícil que Shakira o David Guetta lo consigan.

Desde Pearson recomendamos combinar nuestros métodos educativos con divertidos recursos para el aula, como los que os mostramos cada semana en el blog de Red Música Maestr@, para que hagan más atractiva la enseñanza y faciliten despertar el amor por la música entre los más jóvenes.

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