El método Dalcroze y la importancia de la rítmica

Entre las metodologías para facilitar el aprendizaje musical que se han desarrollado durante el último siglo y medio, una de las teorías más interesantes es el método Dalcroze, formulado por el pedagogo y compositor Émile Jaques-Dalcroze (Austria, 1865 – Ginebra, 1950).

El Método Dalcroze se basa en la coordinación entre los sonidos y los movimientos, de tal modo que la actividad corporal sirva para desarrollar imágenes mentales de los sonidos. Dalcroze fue pionero de las nuevas metodologías pedagógicas musicales. Su método basado en la educación del oído y el desarrollo de la percepción del ritmo a través del movimiento sirvió de punto de partida a otras teorías como las de Willems u Orff. Y aunque su metodología está indicada para diferentes niveles educativos, se centra más en la educación infantil.

En su método es muy importante el número de alumnos, recomendándose alrededor de 15 como la cifra idónea, además de que sea un grupo homogéneo y que las sesiones no sean inferiores a 30 minutos. Trabaja simultáneamente la atención, la inteligencia, la rapidez mental, la sensibilidad y el movimiento a través de ejercicios melódicos, de movimiento, improvisación, instrumentos intercalados entre sí y una relajación final, oponiéndose a la ejercitación mecánica del aprendizaje de la música.

Principales características del método Dalcroze

Se caracteriza porque su objetivo es desarrollar el oído musical, los sentidos melódico, tonal y armónico a través de un sexto sentido que es el muscular, desarrollado a través del movimiento. También porque el cuerpo funciona como medio de representación de cualquier elemento musical del ritmo, la melodía, la dinámica, la armonía y la forma; porque destaca el concepto de ritmo como base del solfeo; y porque apela al esfuerzo.

La rítmica Dalcroze se basa en la improvisación. Los alumnos caminan libremente y cuando empieza la música adaptan poco a poco su marcha al compás de la música, introduciendo los valores de las notas: las negras para marchar; las corcheas para correr; y la corchea con puntillo y semicorchea para saltar. Se desarrollan ejercicios apropiados para la orientación espacial (marchas en círculo hacia derecha e izquierda) y para hacer sentir los matices (andar de puntillas con música suave y marcando fuertemente el paso con música fuerte). También movimientos expresivos para la interpretación y el carácter de la obra musical. Además, el silencio se relaciona con la interrupción de las marchas.

Para Dalcroze, el cuerpo humano traduce el ritmo en movimiento y de esta manera puede identificarse con los sonidos musicales y experimentarlos intrínsecamente.

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